Recuerda.



No hay que olvidar nunca seguir en contacto con nuestro auténtico yo.
Las influencias externas, las malas experiencias, la rutina, la preocupación por el futuro y el hecho de enfrentarse al día a día, hacen que olvidemos quienes somos realmente.
Nos vemos limitados a ser la versión que los demás esperan que seamos y a veces dejamos caer en el olvido nuestra verdadera esencia. Es ahí donde comienzan todo tipo de frustraciones, las comparaciones con los demás y el 90% de las inseguridades que podamos tener.
Cierra los ojos y echa la vista atrás, antes de que nadie te hiciese daño, antes de que la sociedad en la que te ha tocado vivir te dijese quién tenías que ser y haciendo que olvidases quién querías ser.
Sigue recordando, mucho antes de que comenzases a construir la carcasa que te cubre, mucho antes de que levantases muros para protegerte y que nadie pudiese entrar; los mismos muros que tampoco te permiten salir y respirar.  
Recuerda como eras antes de cambiar, antes del miedo, de la desconfianza. Recuerda quién eras cuando no eras más que un niño y tu cabeza y tu corazón estaban llenos de sueños.
Deja de mirar el envoltorio que ves en el espejo y cierra los ojos, comienza a mirar hacia adentro. Respira, recuerda y vuelve a ponerte en contacto con tu auténtico yo. Solo él sabe lo que de verdad te conviene, que es precisamente aquello que te hace feliz, porque a fin de cuentas y digan lo que digan, es lo único por lo que merece la pena apostar.



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